
UNA SENCILLA PROPUESTA PARA CONCLUIR EL TIEMPO DE LA CREACIÓN
Se acerca el día 4 de octubre, festividad de san Francisco de Asís, y por ello día en el que concluye el Tiempo de la Creación. Este año tenemos la suerte de que «cae» en domingo, y eso nos brinda la oportunidad de celebrar de forma un tanto especial el fin de este Tiempo: con la Eucaristía dominical. Y mientras algunas comunidades implicadas en el cuidado de la creación ya habrán preparado algún contenido específico, otras muchas quizás se pregunten cómo podrían recoger de alguna manera el sentido de este tiempo.
San Francisco de Asís nos ofrece una magnífica oportunidad para ello. Es el santo referente por excelencia del cuidado de la creación, tanto en su dimensión natural como humana, y podemos encontrar múltiples recursos relacionados con él para motivar ese día. Yo me voy a centrar en uno muy conocido y, no por ello, menos indicado: el Cántico de las Criaturas. De hecho, seguro que se leerá, o se cantará, en muchas parroquias y comunidades de nuestra Iglesia.
A poco que nos fijemos, caeremos en la cuenta de que es un cántico de alabanza: «Alabado/Loado seas, mi Señor…». Pero en su fondo palpita un profundo agradecimiento por la vida, en cada una de sus manifestaciones. No es de extrañar que, con esa vivencia agradecida, San Francisco expresara tan hermosamente actitudes de cuidado: en su vida y en su oración.

¿Qué tal trabajar esa actitud profundamente agradecida precisamente en el momento de acción de gracias de la Eucaristía? Tras una introducción a la festividad de san Francisco de Asís y a la culminación del Tiempo de la Creación, que podrá ser hecha en la monición de entrada o en la homilía sacerdotal, en la acción de gracias se podría plantear una breve reflexión que, presentando el Cántico de las Criaturas, relacionara brevemente la relación entre agradecimiento profundo y alabanza, lanzara la pregunta sobre con que actitud vivimos la vida los presentes y, tras un breve silencio, llevara a recitar en texto del Cántico, acabando todo ello con una petición del tipo: «Que el Señor, Dios de la Creación, nos haga vivir la vida con actitud agradecida, y desde ahí haga brotar en nosotros una profunda actitud de cuidado con la naturaleza y con las personas».
Porque, como nos decía el Papa Francisco, «no será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin «unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria»» (LS 216). Potenciar actitudes profundas, como la que aquí planteamos de agradecimiento abre en fin de la vida, nos ayudará, sin duda ninguna, a superar nuestras inercias y comodidades.


